1.000 vidas
Hoy celebramos que, gracias a nuestros donantes, Ayuda Efectiva ya ha salvado 1.000 vidas. Pero las cifras grandes son difíciles de visualizar: ¿qué significa realmente ese hito?
Hemos salvado las vidas de 1.000 personas. 1.000 personas como tú y como yo. O, más bien, que pueden llegar a serlo: la mayoría son aún pequeñas, como nuestras hijas, nuestros sobrinos, o nuestras nietas; o como los chavales del colegio más cercano a tu casa. Son muchas pequeñas personas. Si fueran de excursión, llenarían 18 autobuses. Si jugaran partidos de fútbol simultáneos, necesitarían 45 campos.
Sin nuestra ayuda, lo habrían perdido todo. Son afortunadas, aunque la suerte nunca ha estado a su favor. Al contrario que nosotros, no ganaron la lotería del nacimiento. Nacieron en países como Burkina Faso, Chad o Nigeria, en regiones sin calles asfaltadas, ni farmacias, ni supermercados, ni agua potable en casa. Viven en pobreza extrema, muy lejos de Instagram y las cámaras de los iPhones, y sobreviven con el equivalente a lo que 70 euros al mes compran en España. Sus circunstancias son duras, pero las hemos salvado de un drama aún mayor: de perder la vida a manos de enfermedades fácilmente prevenibles, como la malaria; o de sucumbir a enemigos como el neumococo o el rotavirus por no tener el privilegio de las vacunas.
En la mayoría de los casos, hemos logrado algo más, algo que nunca deja de impresionarme: hemos evitado que sus padres vean a esas pequeñas personas morir antes de cumplir los cinco años.
1.000 personas tienen ahora la oportunidad de vivir, aunque no sabemos sus nombres. No sabemos, por ejemplo, cuáles de los 700.000 niños a los que hemos suplementado con vitamina A habrían perdido la vista a causa de la deficiencia, ni cuáles son los que habrían muerto a los pocos meses. Pero sí sabemos que hemos mejorado la salud de todos, por el ridículo coste de 2 euros al año por niño. Y sabemos también que 319 de ellos habrían muerto sin nuestra ayuda.1
A veces pienso que una de mis carencias durante mis dos décadas como empresario fue no ser muy ambicioso. Creo que me faltaba un «para qué». Ahora, sin embargo, sé exactamente por qué quiero que Ayuda Efectiva crezca. Porque quiero un mundo en el que todas las madres puedan ver crecer a sus hijos. Porque quiero que la mortalidad infantil sea una rara tragedia en lugar de una triste rutina.
Por supuesto, no estoy solo, Ya somos más de 5.000 donantes, pero podríamos ser 50.000. Hemos salvado 1.000 vidas, pero podríamos salvar 10.000, porque la necesidad aún es enorme. Para esto sí soy ambicioso, porque sé lo que las cifras representan: cada una esconde una historia, un nombre, una voz, una risa y un llanto únicos. Cada una es una vida que merece ser salvada.
Si aún no donas con nosotros, te animo a empezar con alguna cantidad insignificante para ti: no creo que puedas encontrar un mejor uso de ese dinero. Y, si ya donas con nosotros, gracias de corazón. Todo lo que hemos logrado ha sido hecho posible por personas como tú. Si quieres ayudarnos aún más, hay una forma fácil: elige una persona a la que contarle hoy que es posible donar sabiendo que tu ayuda funciona. Que es posible mejorar significativamente la salud de las personas más pobres del planeta. Anímale a que nos ayude a salvar vidas. En un mundo ideal, no haría falta este tipo de ambición. Pero no vivimos en ese mundo. Así que vamos a por 10.000. Vamos a por 10.000 historias, nombres, voces, risas y llantos únicos que merecen ser salvados.




Fantástico Pablo. Que maravilla todo lo que conseguís.
Qué gran trabajo hacéis. Nunca fue tan fácil salvar vidas. Nos lo ponéis en bandeja